Ahora o nunca

Siempre he huido de los momentos románticos. Soy de la generación que ha crecido con la creencia de que el amor solo se consigue mediante una aplicación móvil. Un fantasma errático que sobrevuela las relaciones endureciendo la probabilidad de que se lleven a cabo.

Pese a todo, ahí estaba yo, saliendo del cubículo que hacía las veces de garito improvisado, en un pueblo tan pequeño que el móvil conectaba con la vida exterior solo en una esquina del entramado urbanístico. Los foráneos nos agrupábamos mano en alto intentando rozar las nubes con nuestros smartphones, como si luchásemos por ver quien alargaba más el brazo. Solo hacía falta que uno de nosotros encontrase cobertura para que todos nos juntásemos en el mismo punto, como si el aire analógico de la España profunda, tan romántica como encantadora, nos asfixiara.

Lo que me llevó a participar en aquella ridícula escena salió con la mirada de un cordero camino al matadero: “¿Ya te vas? ¿No te ibas a despedir?”. El falso tono de malestar fue proporcional al giro de cabeza al desaparecer entre las sombras de la esquina. Nunca estuve seguro de nada hasta aquel momento. Me senté sobre las raíces, apoyando la espalda en el tronco de uno de los tantos árboles que llenaban de impresiones oscuras la calle vacía, conté hasta tres y volvió con la misma mirada de cordero.

El aire de película sesentera en los claroscuros del ambiente impulsaron mis manos a circunvalar el rostro. Era ahora o nunca. Por un instante era Richard Beymer besando a Natalie Wood en Amor sin Barreras, sin nadie que pudiera enturbiar el momento. Todo era tan fílmico que todavía me pregunto cómo no fuimos conscientes de que no existe una película eterna y que, si no se termina, el cinematógrafo prende la cinta cuando se recalienta.

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El niño de los pies de oso amarillo

Cuando sonaba la alarma era el primero en levantarme, tenía que despertar a mi hermano y prepararnos el desayuno. De crió siempre fui muy resabidillo, me gustaba pensar que era mayor de lo que era, meterme en conversaciones de adulto y marcar cátedra con mis tres palmos de altura y la voz de pito. Todavía hoy me pasa en ciertas ocasiones.

Despertar a mi hermano era casi una batalla. Los relojes sonando, el mio y el suyo. Yo gritando que llegaríamos tarde. Él durmiendo plácidamente como si la casa estuviera sumida en el más absoluto de los silencios. Cada mañana me venía a la cabeza el pensamiento recurrente del resultado al unir las cucarachas y una guerra nuclear. Por más bombas que cayesen rozándole el pelo, mi hermano seguiría durmiendo como si nada.  Una vez despierto, nos sentábamos frente al televisor, en la mesa camilla, mientras desayunábamos. Cuando mis padres no estaban podíamos vestirnos como queríamos y evitar que todo el mundo pensara que eramos mellizos, la estúpida manía de mi madre por vestirnos exactamente igual. La ausencia de mis padres tenía esa ventaja, pero también inconvenientes.

Todavía recuerdo cuando mi madre nos dejó acostados y se fue a comprar al ultramarinos de la esquina. En cuanto me di cuenta del abandono, desperté a mi hermano con un nudo en la garganta y nos sentamos en el salón a esperar que mi madre llegase, hubiéramos permanecido allí años, si hubiera hecho falta. El miedo era fruto de esa inocencia que se pierde cuando te das cuenta de que tus padres son personas normales y no los superhéroes que inventas en la infancia. En cuanto llegó mi madre comenzó a reírse y mi hermano y yo nos abrazamos a sus piernas como si hubiera tardado un milenio en volver. Nos traía un regalo. El drama se nos pasó enseguida.

En una de esas mañanas en las que conseguí despertar al oso en mitad de su hibernación sin perder una extremidad, desayunamos; recogimos las tazas, las galletas y cerramos la puerta tras nosotros para irnos al colegio. Todo iba bien hasta que mi hermano me toco el hombro. Al girarme lo vi con el rostro completamente blanco, mirándome con unos ojos muy parecidos a los de John Coffey en La Milla verde, cuando decide ser ejecutado porque no soporta la crueldad humana. Al mirar a sus pies, en lugar de zapatos tenía unas zapatillas enormemente peludas en forma de garras de oso amarillo. Pese a intentar aferrarme a la pose de hermano mayor, no pude mantener la risa a raya y una carcajada sonó por todo el rellano haciendo que mi hermano rompiera a llorar.

Al parar de reír, recobre mi falsa pose de adulto y pensé en la mejor manera para que mi hermano pudiera ir al colegio sin que sus amigos lo recordasen, hasta su boda, como el niño de pies de oso amarillo. Lo dejé sentado en la puerta marrón de casa y fui a por algo más digno que los pies de oso. Al llegar a casa de una vecina que venía a clase con nosotros, su madre no pudo parar de reír mientras buscaba unas zapatillas. Al volver al salón de su casa lo hizo introduciendo unas deportivas blancas con una franja roja en los laterales en una bolsa casi transparente.

No tardé más de cinco minutos en volver a casa con la salvación de la dignidad familiar en una bolsa. Mi hermano estaba hecho un ovillo en una esquina llorando a moco tendido. “Has tardado mucho” dijo poniéndose de pie y secándose las lágrimas con las manos. Se ve que para él fui a hacer las zapatillas de deporte a Senegal, a mano, no sin antes cazar al dinosaurio y enterrarlo para poder sacar de él el petróleo del que salió el plástico de los zapatos.

La primera llamada

Cuando salí de la boca de metro de Sol, recibí una llamada que no alcancé a descolgar. El número era tan desconocido como la ciudad por la que caminaba. Esa tarde fue mi primera clase de periodismo y había repartido mi nombre y mi teléfono por toda aquella persona que me devolvía una mirada cómplice. Tenía miedo de no conseguir aliados, así que hice un nudo con mis inseguridades e intenté convencer a todo el mundo de que era extrovertido. Lo hice tan bien, que hasta yo terminé convencido de que lo era. Al introducir el número en WhatsApp, una chica muy arreglada, como de boda, me observaba desde la foto de perfil instantes antes de que el teléfono volviera a sonar.

—¿Fran dónde estás?

—Saliendo del metro de Sol ¿y tú? – Me esforcé para que no se diera cuenta de que su voz era tan conocida para mí como la teoría cuántica que te obliga a ir estresado por Madrid sin motivo aparente.

Cuando paró de hablar y me despegue el móvil de la oreja, pensé que tenía que hacer todo lo posible para que aquella chica fuera mi amiga. Ahora sé que mas que intención fue profecía.

Enseguida nos dimos cuenta de que compartíamos el gusto por esas noches que terminas abrazado a la comida más grasienta, con la única intención de que absorba las cantidades estratosférica de alcohol ingerido. Y en eso estábamos cuando descubrí que, aparte del amor al buen periodismo, nos unían esas dualidades del alma, tan divertidas que te hace disfrutar la vida por partida doble.

Años después, cuando volvíamos de cambiar una clase por cervezas, me dijo que la noche anterior había llorado. Era el último año de clase y poco tiempo faltaba para que dejásemos de quejarnos del asqueroso café que dependiendo del día sabía a una cosa o a otra. Esos cafés siempre me recordaron a los anillos que cambiaban de color según el estado de ánimo del portador. Igual ese era el motivo real del cambio de sabor. La razón de sus lágrimas nocturnas no era otro que las múltiples charlas que teníamos entre clase y clase, nos hacíamos mayores juntos y sabíamos que eso no duraría mucho más.

Siempre he sabido que cuando llegase el momento en que me visitasen las últimas moléculas de oxigeno mi pensamiento sería para ella. Para todos los que, sin conocernos, formamos una familia a la semana de que confluyeran todos nuestros caminos. Desde que recibí su primera llamada supe que quería que fuera mi amiga, lo que nunca me imaginé es que, años después, se convertiría en parte de mi familia.

Cataluña vs España, nada nuevo bajo el sol

El absurdo se ha apoderado de la realidad una vez más.

Todo el mundo usa esa manida expresión de “el siglo XXI” como si esto fuese sinónimo de modernidad. La ingenuidad es algo maravilloso, pero se transforma en un concepto peligroso cuando se convierte en escudo y trinchera. Nosotros los humanos somos dichos en repetirnos, seres cíclicos con epicentro en el ombligo, inabarcables, como el universo.

Durante el 1-O, mientras presenciaba todo lo que acontecía, parecía que estaba viendo un documental, no estaba pasando ahora, no era nada nuevo. La sensación se resume en la vuelta de las dos España que se enfrentaban alentadas por un bando u otro.

Poco tiempo tardó el resto de España en mostrar el bando afín en redes sociales, viscerales, cabreados, absurdos si hago símil con la situación global. En cualquier caso, España estaba partida por la mitad a golpe de porra, como antes, como siempre. Las familias se dividen, se dejan de hablar, se señalan, se insultan.

Los hijos de guardia civiles sufren acoso por serlo, los hijos de independentistas ven como sus padres sufren golpes por las fuerzas que deberían protegerlos. Ciudadanos- marionetas que hacen caso de las órdenes que les mandan los titiriteros a través de las cuerdas y se sacan los ojos los unos a los otros. Nada nuevo bajo el sol. Lo que está más que claro es el esfuerzo por parte de los políticos en mantener esa dualidad para reforzar sus posiciones, su poder.

Parece que a todo el mundo le ha pillado de nuevas esta intención de Cataluña por independizarse. Desde que tengo uso de razón los catalanes han tenido un cierto resquemor con el resto de España y esta un cierto odio a los catalanes. En el año 78 se hizo lo que pudo, a prisa y corriendo, para mantener la unidad, y no se hizo mal, pero el mundo gira y todo cambia, es ridículo que las leyes sigan inamovibles. Durante muchísimas décadas la respuesta de los gobernantes del Estado ha sido ignorar las peticiones catalanas y claro, el vapor entra y cuando no cabe más la tapadera de la olla exprés salta por los aires.

Lo que es realmente llamativo es el argumento de que se tendría que reformar la Constitución para poder mediar. No es imposible, ya se ha llevado a cabo dos reformas de la Carta Magna, una en 1992 y otra en 2011, ambas sin mucho debate, sin mucho ruido. La única solución posible es votar. Un referéndum para ver si se quiere la reforma, otro para ver la opinión de los catalanes sobre la independencia y otro para ver que opina el resto de España. Todo pasa por la votación ¿o acaso no era esa la principal característica de ese animal mitológico llamado “pueblo soberano?

Un robot comienza el sexto libro de Juego de Tronos

Winter is here

Leyendo el New York Post en el metro, mientras una señora me clavaba la hebilla del bolso en el codo y yo me planteaba seriamente tirarle el café en la cara, me topé con este titular:

images.jpgArtificial intelligence is writing the next ‘Game of Thrones’ book

Un robot ha comenzado a escribir el sexto libro de la saga de George RR Martin. Se me olvidó la hebilla, la señora y hasta que estaba tomando café.

Cinco tomos, 5.376 páginas es lo que ha introducido Zack Thoutt, un ingeniero de software, a un ser con inteligencia artificial para que sustituya a Martin (¿Usará también el sombrero que lleva el real?). Bueno, de acuerdo, realmente no sustituye al original, pero puede generar predicciones en torno a lo que sucederá en el siguiente libro.

Vamos, que viene siendo como un fan más de la saga. 
Sí, como esos que se quejan de los spoiler (si eres Pérez Reverte y estas leyendo esto, donde pone "spoiler" lee "destripe") y luego inundan de ellos las redes sociales.
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-Martin: No voy a escribir Vientos de Invierno. -Robot: ¿Qué no? madre mía, te digo yo a ti que sí.

Vale, en realidad el robot solo ha escrito frases sencillas y sus predicciones concuerdan con algunas de las teorías de los fans. Repito, la inteligencia artificial tampoco es más inteligente que los millones de personas que siguen la saga. El robot no ha descubierto nada nuevo bajo la atenta mirada de los Siete. Lo curioso es que el robot ha comenzado cada capítulo con el nombre de un personaje, como lo hace el autor.

“Es incapaz de construir una historia a largo plazo y la gramática no es ideal. Pero está capacitado para aprender los fundamentos de la lengua inglesa y adoptar el estilo de Martin”, le dijo Zack Thoutt a New York Post.

Pero a pesar de que la noche es oscura y alberga horrores el Dios de la Llama y la Sombra ha permitido que el robot haya escrito los cinco primeros capítulos.

¿La inteligencia artificial quitará el trabajo a los escritores?


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Pero este no es, ni de lejos, el primer caso en el que la inteligencia artificial emula el proceso creativo humano. PC Writer 2008 escribió en tres días una novela completita. Para que lo pudiera hacer acorde a lo que se le pedía se le introdujeron las herramientas narrativas, el vocabulario y el lenguaje de distintos escritores. Además de esto se le indicaron los perfiles de los personajes, una trama, un tiempo y el escenario para que se llevara acabo la historia.

La novela que creó la máquina tuvo el nombre de Amor Verdadero. Curiosamente imitaba la forma de escribir de Haruki Murakami y los personajes de Anna Karenina.

En octubre de 2015 apareció Wordsmith, un robot usado por Associated Press para crear 3000 artículos, cada trimestre, sobre los resultados fiscales de distintas compañías. En enero del año siguiente, Andy Herd creó una red neuronal que puede generar diálogos de la famosa serie Friends a partir de los diálogos originales de la serie (como así lo recogió un reportaje elaborado por El Español en 2016).

La inteligencia artificial ha conseguido, incluso, superar al ser humano en una partida de Go. AlphaGo ganó la partida y derroto el ego del contrincante, con sus mejillas sonrosadas y su torrente sanguíneo inservible bombeando energéticamente incluidos.

¿Significará todo esto que dentro de unos años los blogs serán escritos por ordenadores sin necesidad de la mano humana? Quien sabe, solo toca esperar para saber si esto es así. Solo deseo que la espera sea menor de la que están sufriendo l@s “troner@s” por el siguiente libro.

El tiempo en la narración: Ser un conejo en busca de su Alicia.

Imaginemos que la narración es un precioso conejo blanco que no para quieto. Las manecillas tienen un imán que lo obliga a mirar el reloj dorado donde se marca los distintos tipos de tiempo narrativos. Ahora imaginemos que el lector es Alicia, una Alicia irreverente, caprichosa y escurridiza. ¿Lo tienes en la cabeza? Bien, es exactamente así como funciona el tiempo en la narración. Si te acuerdas del cuento de Lewis Carroll sabrás que el conejo se dejaba ver lo justo para producir curiosidad en Alicia. Esta quería saber que le producía esa prisa al conejo y cómo era posible que un conejo hablara y llevara un reloj. Nosotros como escritores tenemos que producir esa misma sensación en el lector.

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Cuando hable de tiempo en la narración no me estoy refiriendo, como ya sabrás, del parte meteorológico que tendrá tu relato, pero sí del uso que le darás al tiempo en tu historia.

Muchos son los investigadores que  han teorizado sobre el tiempo en la narración pero realmente todo es orientativo, a la hora de escribir podemos probar cosas nuevas. Meternos en marrones e intentar salir lo más dignamente que nos deje nuestra historia. Es interesante jugar con los distintos tiempos, hibridar los que voy a darte.

Tienes varias formas de manejar tu narración y dependiendo de lo que trate la historia será mejor una u otra. Tenemos que hacer que nuestra Alicia sienta curiosidad para seguir leyendo.

Tiempos narrativos

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Muchos son los autores que han dedicado sendos libros a tratar el tema. Realmente cada autor tiene su propio método y guiarte por uno solo hará que no descubras otras realidades.


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Para Doménico Chiappe (escritor y periodista peruano) en toda narración, ya sea de ficción o de no ficción, existen dos tipos de tiempos. Uno es el tiempo real y el otro el tiempo de la narración.


 

mario-vargas-llosaMario Vargas Llosa define al punto de vista temporal como la relación entre el tiempo del narrador y el tiempo de lo narrado.

  1. Que coincidan ambos en el presente gramatical (mientras escribo algo está aconteciendo).
  2. Que el narrador esté en el presente y la acción en el pasado (escribo para contar lo que pasó).
  3. Que el narrador esté en el pasado y narre hechos del presente o futuro (cuando termine de escribir sucederá algo)

El tiempo real o cronológico


Este es objetivo y externo. Esta temporalidad es la misma en el interior y en el exterior de la novela. Normalmente se usa para dar la sensación de que lo que le ocurre al protagonista está pasando actualmente, que el protagonista descubre los hechos a la par que el lector. Te ayudará a producir en el lector la sensación de angustia, de que puede pasarle a él lo que le pasa al protagonista. Realmente hace vivir al lector en primera persona los hechos narrados.

No significa que no se pueda modificar. Si los acontecimientos que estas relatando son muy rápidos puedes ralentizar el relato para hacer que el lector entre de lleno. Por ejemplo, si vas a contar un accidente de tráfico, puedes dilatar el acontecimiento para que el lector se de cuenta que justo en ese momento un pequeño alien rosa se escondía en la guantera.

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Tiempo de la narración o ficticio


Depende de la sensación que tiene el lector sobre el lapso de tiempo transcurrido durante la acción descrita. Esta temporalidad es distinta a la que tiene el lector, hay viajes al pasado y al futuro.

Es la opción que tenemos que trabajar cuando queremos añadir suspense. El narrador sabe algo que el lector no y se recrea en eso, aparecen frases que refuercen la idea de que te vas a enterar de algo pronto, “se esto que va a pasar y te vas a caer del sillón cuando lo sepas”.

Se tiene que tener en cuenta la duración, la sucesión y orden en que se producen los distintos acontecimientos. Se construye un ritmo distinto al existente en un reloj, marca su propio compás. Una novela puede pasar en unos minutos, en unas horas, unos días o en años.

Herramientas que pueden ayudarte para el tiempo de la narración

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Puedes anticipar o posponer hechos para aumentar la incertidumbre, de esta forma se produce una ruptura del tiempo real, la linea cronológica de acontecimientos.

  • Analepsis o retrospección: es la voz española del concepto Flashback. Relatar un acontecimiento ya pasado que ayuda a entender algo que está pasando en el presente.
  • Prolepsis o antelación la voz española del Flashforward. Relatar un acontecimiento futuro.

Dependiendo de cada relato la temporalidad irá cambiando y las herramientas que juegan con el tiempo ayudan a marcar unas actitudes u otras de un personaje. O nos puede servir para aumentar el suspense. De cualquier forma es algo en lo que tenemos que poner mucho esfuerzo.

Evocación de eternidad: ¿quiéres que tus palabras perduren en el tiempo?

Toda persona que lleva a cabo una actividad artística tiene la intención de perdurar en el tiempo. Si no de manera clara si que en lo más profundo de su psique (en una cueva recóndita cubierta por mares devoradores de piratas, arrgg).

“Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro”

En esta frase la única intención que sale resultante es la de perdurar en el tiempo mediante tu idea (libro), tus genes (el hijo), tus intenciones (el árbol). Y todos hemos dicho, o al menos escuchado, está maravillosa y trilladísima frase que en la inmensa mayoría de mujeres, hombres y ornitorrincos se queda en un intento.

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Seguramente todo es promovido por evitar la muerte después de que se nos pare el corazón.

Es verdad que en las vanguardias hubo un movimiento artístico que se caracterizaba por la no perduración del arte, el anti-arte. Pensemos un momento en el Dadaismo. Realmente estos artistas abogaban por que el arte no era una actividad de personas con habilidades especiales, eliminaron el snobismo del arte. Precisamente por eso perduraron en el tiempo. En su intención por romper con el arte anterior crearon un camino que nos permite hacer lo que nos de la real gana (artísticamente hablando). Y pese a sus intenciones consiguieron tatuarse en la eternidad.

Pero te estoy hablando de arte todo el tiempo, y aunque es interesante, no es lo que nos ocupa a nosotros. En la literatura (vale, tienes razón, la literatura también es arte) irrumpieron para destruir lo anterior, al igual que en el arte pictórico. Y te preguntarás qué es eso del anti-arte, en este caso anti-literatura o anti-poesía. Bueno, pues el motivo es que me interesaría saber que se te pasa por la cabeza cuando escribes, tus intenciones. Pero antes…

¿Te atreverías a hacer  un ejercicio?

Coge un periódico o revista, una tijeras y sigues las instrucciones.

Para hacer un poema dadaísta

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Este poema es la explicación, las instrucciones de como llevar a cabo un poema dadaista. Prometo que no es invención mía, esto es real y está en la historia de la literatura. Su autor es Tristan Tzatza, uno de los promotores del movimiento. Realmente parece una locura, bueno, lo parece y lo es. El movimiento, al igual que sus autores, tenían vocación de regadera. ¿Te acuerdas de Dalí? pues eso.

XIII

DADA es un microbio virgen
Dadá está contra la carestía de la vida
Dadá
sociedad anónima para la explotación de las ideas
Dadá tiene 391 actitudes y colores diferentes según el sexo del presidente
Se transforma -afirma- dice al mismo tiempo lo contrario -sin importancia- grita -pesca con caña.
dadá es el camaleón del cambio rápido e interesado.
dadá está en contra del futuro. dadá está muerto. dadá es idiota. Viva dadá. dadá no es una escuela literaria, aúlla.

Tristán Tzara, Siete manifiestos DADA, Tusquets editor, Barcelona, 1972.

Baudelaire ya escribió en Pintor de la vida moderna que la fugacidad es completa y que hay que retratar a la humanidad, ya que bajo sus ropajes reside la eternidad. Y les guste o no a los artistas dadaista se quedaron sin ropajes directamente para entrar en la historia de la literatura.

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Fran contrólate que esto no le interesa a nadie.

Puede que me haya pasado un poco presentando el tema. Cuando comienzo es difícil pararme.

¿Reside la eternidad bajo los ropajes humanos? ¿Intentas retener algo de ti en tu obra para que se te recuerde?

Saber lo que piensas sobre este asunto es el principal motor de la entrada.

¿Tú qué opinas?

 

 

Inventemos el futuro escribiéndolo

Cuando comencé con la idea de traer entradas semanales tuve claro que si me lo tomaba como un trabajo podría salir algo interesante. Precisamente por eso comencé a navegar (cada vez que conjugo ese verbo relacionándolo con internet me imagino a un pirata con el icono de Chrome como cara) por blogs de profesionales del periodismo y la literatura. Seth es uno de los que me parecieron más fascinantes, con pocas palabras es capaz de hacerte reflexionar, ya sea de un tema concreto o de un conjunto de ideas completo.

El 27 de mayo de este año, Seth publicó en su blog un post que me llevó a una pregunta.

¿El escritor predice el futuro o se lo inventa?

Seth decía en el post titulado “Predicting or inventing…”:

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En la historia de la literatura muchos son los que han conseguido adelantarse a su época y han escrito historias con elementos que años después han resultado ser objetos de vital importancia para el desarrollo de la humanidad. Vale, sí, estoy siendo muy épico a la hora de contarte esto, pero seguro que ya se te ha pasado por la cabeza el nombre de algún escritor.

Seguramente el nombre que pasea por tu mente sea Verne. De él se han escritos ríos de tinta para contar una cantidad de conspiraciones que más quisiéramos tú y yo que se contaran a nuestra muerte, no lo niegues. Hablaremos luego de él.

Pero este escritor no es el único, Alberto Iglesias Fraga, en un artículo para blogthingbing, habla de otros autores que llegaron a predecir el futuro.

Arthur C. Clarke, al que Iglesias bautiza (vale, chiste fácil) como “padre de los satélites” inspiró las bases teóricas que dieron, posteriormente, a la actual red de satélites de telecomunicaciones. Gracias a él, o al menos a sus ideas, podemos permitirnos llamadas de voz y el envio  de datos a cualquier parte del mundo.

 “2001: Odisea en el Espacio” fue uno de los libros, quizás el más conocido, de este autor especializado en el espacio. En sus libros aparecían los viajes a la estratosfera o el uso de cohetes y misiles de largo alcance antes de plantearnos siquiera que estos podrían salir de la ciencia ficción.

Si me apuras un poco, hasta podríamos mencionar a Mary Shelley con Frankenstein para hablar de su “predicción” de la existencia de las operaciones de cirugía estética o los trasplantes, pero sería irme demasiado del tema y  también de la cabeza.

Verne como agente del Ministerio del Tiempo

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Verne nació en 1828 y murió en 1908, con 80 maravillosos años. Pero muchos de los seguidores de Verne piensan que era un hombre que viajó hasta el siglo XIX desde nuestros días. Bueno, personalmente creo que no tiene ni pies ni cabeza, pero oye, el credo es libre. Sea como sea, lo que sí es cierto es que hace algo más de 150 años ya escribía sobre máquinas e inventos que en su época entraban dentro del catálogo de la ciencia ficción, pero que en la actualidad forman parte de nuestro día a día (más o menos). El helicóptero, los misiles teledirigidos, las alambradas electrificadas, el cine sonoro, los rascacielos, la contaminación o la ciudad ecológica, entre otros.

En “20.000 leguas de viaje submarino”, Verne se adelantó a Isaac Peral en la invención del submarino. Pero lo realmente sorprendente es lo que cuenta en su libro “De la Tierra a la Luna”. Verne sitúa, en esta novela, un telescopio de una lente de 5 metros de diámetro en las Montañas Rocosas. El diámetro de la lente es idéntico a los que tuvo el primer telescopio en Monte Palomar. En aquella época las potencias mundiales eran Francia e Inglaterra, pero Verne decidió que los promotores del viaje serían Estados Unidos y Rusia. La nave que Julio Verne lleva a la luna tiene el nombre de “Columbiad”. El módulo del Apolo XI se llamó “Columbia”.

 ¿Visionario o agente del Ministerio?

Hay quien cree que formó parte de sociedades secretas que le permitieron obtener información adelantada a su época. Y vuelvo a repetir lo mismo, EL CREDO ES LIBRE.

¿Podemos inventar el futuro escribiendo?

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¿No es demasiada casualidad que una persona llegue una y otra vez a topar, misteriosamente, con un elemento que vaya a existir en el futuro?

Por mucho que disfrute escribiendo sobre teorías​ conspiratorias, voy a intentar pensar lucidamente. Seguramente las ideas vertidas por estos autores en los libros dieron pie a crear, en sus lectores, un caldo de cultivo de donde surgirían todos los inventos de los que hablamos.

Llegados a este punto, podemos aumentar la presión del escritor, porque con lo que escriban ellos, pensaremos nosotros. Como los encargados de la misión de la Nasa, por ejemplo, que influenciados por la lectura de Verne, a posta o sin querer, cayeron en coincidencias.

Y quién sabe, igual el inventor de la máquina del tiempo impulsada por energía orgánica, te lee y le das la idea que necesita para la última pieza del rompecabezas que lo lleve a montar su Delorean intratemporal (cualquier parecido con Regreso Al Futuro es pura coincidencia).

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Se ve que esto está durando bastante, si quieres que hablemos sobre el tema, redes sociales o correo.

¡TEMA INTERESANTE A ESTRIBOR!


 

Recomendación: Velkommen til Bodø

«Nos vamos como vinimos y, si Dios quiere, como volveremos, con paz y esperanza para la humanidad». Fueron las ultimas palabras que Eugene Cernan, comandante del Apolo XVII pronunciaría en la superficie lunar por el 1972.

El ser humano siempre ha tenido la absurda idea de expandir su creencia, su sabiduría o expandirse así mismo en un juego de egocentrismos disfrazado de mecenazgo. En los libros de historia, en los periódicos o en los grandes medios de comunicación de masas hay un desfile de personalidades que demuestran esto que digo. Dentro de no mucho aparecerán otros nombres como el de Eugene Cernan. Se ha fijado la mirada en las estrellas, en colonizar un universo azul oscuro. Se nos ha olvidado que primero tenemos que colonizarnos a nosotros mismo, conocernos para saber como se debe conocer otros mundos, construir los cimientos de una casa para no dejar huecos entre los cementos del tejado.

Cuando conocí a la autora del sitio me impresiono la luminosidad que desprendían sus palabras, «el brillo de los ojos no se opera» que decía Lola Flores. Por desgracia la vitalidad no se aprende, naces con ella o te toca luchar contra marea, no todos tenemos suerte. Hay personas que no necesitan colonizar estrellas porque ellas mismas lo son y Andrea P. Pardo empieza a descubrirse. En Un copo más en la nieve verterá toda la nieve que vaya saliendo de esa lucha interna, de la colonización personal de la que está siendo protagonista.

Un copo más en la nieve

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No es necesario bajar del avión para ver que la atmósfera es totalmente diferente. Un cielo azul se vislumbra en el horizonte -por poco tiempo, ya que la noche cae casi sin avisar- y lo que desde arriba parecían grandes nubes tapando la visión, resulta ser nieve. Velkommen til Bodø, -bienvenidos a Bodø- se escucha por megafonía.

Llama la atención el silencio del aeropuerto, ni un grito, ni una voz más alta que otra, ni un golpe…Nada. Todo el mundo habla en voz baja y nadie se desespera por coger su maleta antes que la persona de al lado, ni existen enfados, ni riñas. Todo parece flotar en una nebulosa de paz y armonía que llega a asquear un poco. Sería fácil quedarse a vivir en las ‘llegadas’ del aeropuerto, pero hay que salir, y el frío extremo aclara las ideas.

Y es que Bodø se encuentra situada al norte del…

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