Todas las entradas por Francisco Raposo

Ahora o nunca

Siempre he huido de los momentos románticos. Soy de la generación que ha crecido con la creencia de que el amor solo se consigue mediante una aplicación móvil. Un fantasma errático que sobrevuela las relaciones endureciendo la probabilidad de que se lleven a cabo.

Pese a todo, ahí estaba yo, saliendo del cubículo que hacía las veces de garito improvisado, en un pueblo tan pequeño que el móvil conectaba con la vida exterior solo en una esquina del entramado urbanístico. Los foráneos nos agrupábamos mano en alto intentando rozar las nubes con nuestros smartphones, como si luchásemos por ver quien alargaba más el brazo. Solo hacía falta que uno de nosotros encontrase cobertura para que todos nos juntásemos en el mismo punto, como si el aire analógico de la España profunda, tan romántica como encantadora, nos asfixiara.

Lo que me llevó a participar en aquella ridícula escena salió con la mirada de un cordero camino al matadero: “¿Ya te vas? ¿No te ibas a despedir?”. El falso tono de malestar fue proporcional al giro de cabeza al desaparecer entre las sombras de la esquina. Nunca estuve seguro de nada hasta aquel momento. Me senté sobre las raíces, apoyando la espalda en el tronco de uno de los tantos árboles que llenaban de impresiones oscuras la calle vacía, conté hasta tres y volvió con la misma mirada de cordero.

El aire de película sesentera en los claroscuros del ambiente impulsaron mis manos a circunvalar el rostro. Era ahora o nunca. Por un instante era Richard Beymer besando a Natalie Wood en Amor sin Barreras, sin nadie que pudiera enturbiar el momento. Todo era tan fílmico que todavía me pregunto cómo no fuimos conscientes de que no existe una película eterna y que, si no se termina, el cinematógrafo prende la cinta cuando se recalienta.

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El niño de los pies de oso amarillo

Cuando sonaba la alarma era el primero en levantarme, tenía que despertar a mi hermano y prepararnos el desayuno. De crió siempre fui muy resabidillo, me gustaba pensar que era mayor de lo que era, meterme en conversaciones de adulto y marcar cátedra con mis tres palmos de altura y la voz de pito. Todavía hoy me pasa en ciertas ocasiones.

Despertar a mi hermano era casi una batalla. Los relojes sonando, el mio y el suyo. Yo gritando que llegaríamos tarde. Él durmiendo plácidamente como si la casa estuviera sumida en el más absoluto de los silencios. Cada mañana me venía a la cabeza el pensamiento recurrente del resultado al unir las cucarachas y una guerra nuclear. Por más bombas que cayesen rozándole el pelo, mi hermano seguiría durmiendo como si nada.  Una vez despierto, nos sentábamos frente al televisor, en la mesa camilla, mientras desayunábamos. Cuando mis padres no estaban podíamos vestirnos como queríamos y evitar que todo el mundo pensara que eramos mellizos, la estúpida manía de mi madre por vestirnos exactamente igual. La ausencia de mis padres tenía esa ventaja, pero también inconvenientes.

Todavía recuerdo cuando mi madre nos dejó acostados y se fue a comprar al ultramarinos de la esquina. En cuanto me di cuenta del abandono, desperté a mi hermano con un nudo en la garganta y nos sentamos en el salón a esperar que mi madre llegase, hubiéramos permanecido allí años, si hubiera hecho falta. El miedo era fruto de esa inocencia que se pierde cuando te das cuenta de que tus padres son personas normales y no los superhéroes que inventas en la infancia. En cuanto llegó mi madre comenzó a reírse y mi hermano y yo nos abrazamos a sus piernas como si hubiera tardado un milenio en volver. Nos traía un regalo. El drama se nos pasó enseguida.

En una de esas mañanas en las que conseguí despertar al oso en mitad de su hibernación sin perder una extremidad, desayunamos; recogimos las tazas, las galletas y cerramos la puerta tras nosotros para irnos al colegio. Todo iba bien hasta que mi hermano me toco el hombro. Al girarme lo vi con el rostro completamente blanco, mirándome con unos ojos muy parecidos a los de John Coffey en La Milla verde, cuando decide ser ejecutado porque no soporta la crueldad humana. Al mirar a sus pies, en lugar de zapatos tenía unas zapatillas enormemente peludas en forma de garras de oso amarillo. Pese a intentar aferrarme a la pose de hermano mayor, no pude mantener la risa a raya y una carcajada sonó por todo el rellano haciendo que mi hermano rompiera a llorar.

Al parar de reír, recobre mi falsa pose de adulto y pensé en la mejor manera para que mi hermano pudiera ir al colegio sin que sus amigos lo recordasen, hasta su boda, como el niño de pies de oso amarillo. Lo dejé sentado en la puerta marrón de casa y fui a por algo más digno que los pies de oso. Al llegar a casa de una vecina que venía a clase con nosotros, su madre no pudo parar de reír mientras buscaba unas zapatillas. Al volver al salón de su casa lo hizo introduciendo unas deportivas blancas con una franja roja en los laterales en una bolsa casi transparente.

No tardé más de cinco minutos en volver a casa con la salvación de la dignidad familiar en una bolsa. Mi hermano estaba hecho un ovillo en una esquina llorando a moco tendido. “Has tardado mucho” dijo poniéndose de pie y secándose las lágrimas con las manos. Se ve que para él fui a hacer las zapatillas de deporte a Senegal, a mano, no sin antes cazar al dinosaurio y enterrarlo para poder sacar de él el petróleo del que salió el plástico de los zapatos.

La primera llamada

Cuando salí de la boca de metro de Sol, recibí una llamada que no alcancé a descolgar. El número era tan desconocido como la ciudad por la que caminaba. Esa tarde fue mi primera clase de periodismo y había repartido mi nombre y mi teléfono por toda aquella persona que me devolvía una mirada cómplice. Tenía miedo de no conseguir aliados, así que hice un nudo con mis inseguridades e intenté convencer a todo el mundo de que era extrovertido. Lo hice tan bien, que hasta yo terminé convencido de que lo era. Al introducir el número en WhatsApp, una chica muy arreglada, como de boda, me observaba desde la foto de perfil instantes antes de que el teléfono volviera a sonar.

—¿Fran dónde estás?

—Saliendo del metro de Sol ¿y tú? – Me esforcé para que no se diera cuenta de que su voz era tan conocida para mí como la teoría cuántica que te obliga a ir estresado por Madrid sin motivo aparente.

Cuando paró de hablar y me despegue el móvil de la oreja, pensé que tenía que hacer todo lo posible para que aquella chica fuera mi amiga. Ahora sé que mas que intención fue profecía.

Enseguida nos dimos cuenta de que compartíamos el gusto por esas noches que terminas abrazado a la comida más grasienta, con la única intención de que absorba las cantidades estratosférica de alcohol ingerido. Y en eso estábamos cuando descubrí que, aparte del amor al buen periodismo, nos unían esas dualidades del alma, tan divertidas que te hace disfrutar la vida por partida doble.

Años después, cuando volvíamos de cambiar una clase por cervezas, me dijo que la noche anterior había llorado. Era el último año de clase y poco tiempo faltaba para que dejásemos de quejarnos del asqueroso café que dependiendo del día sabía a una cosa o a otra. Esos cafés siempre me recordaron a los anillos que cambiaban de color según el estado de ánimo del portador. Igual ese era el motivo real del cambio de sabor. La razón de sus lágrimas nocturnas no era otro que las múltiples charlas que teníamos entre clase y clase, nos hacíamos mayores juntos y sabíamos que eso no duraría mucho más.

Siempre he sabido que cuando llegase el momento en que me visitasen las últimas moléculas de oxigeno mi pensamiento sería para ella. Para todos los que, sin conocernos, formamos una familia a la semana de que confluyeran todos nuestros caminos. Desde que recibí su primera llamada supe que quería que fuera mi amiga, lo que nunca me imaginé es que, años después, se convertiría en parte de mi familia.

Síndrome del impostor: Ser escritor y creérselo

¿Cuántas veces has tenido una idea pero no la has llevado a cabo porque no crees que seas lo suficientemente bueno para hacerla con éxito? No eres el único, no eres la única.

¿Qué es el síndrome del impostor o impostora?

Este síndrome es un malestar emocional que se asocia a un sentimiento de que todo lo que se lleva a cabo es mediocre. El síndrome del impostor no aparece descrito en ningún manual de diagnóstico médico, pero bajo este término se agrupan un conjunto de síntomas que pueden causar un importante malestar emocional. En muchos casos está relacionado con la depresión y una baja autoestima, aunque no necesariamente. Podríamos decir que el dichoso síndrome es una suerte de parásito que tiene como último propósito chupar la autoestima del anfitrión.

El problema de las personas que han sufrido dicho mal es la creencia de que todo sus logros no son merecidos, que lo han obtenido porque el juez que se lo ha otorgado era demasiado benévolo. Este problema aparece en cualquier ámbito de la persona afectada, ya sea en el ámbito laboral, en el académico o en las relaciones sociales. En cualquier caso, se podría resumir como el miedo atroz a que los demás descubran el fraude que estás llevando a cabo, ya sea con una actividad laboral como con la propia personalidad.

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Posibles motivos

Existen autor@s que se atreven a afirmar los motivos del síndrome, es algo bastante controvertido que aún está en investigación, como la mayoría de “problemas mentales”. Aida Baida recoge en su libro “Cómo Superar el Síndrome del Impostor” cuatro posible fuentes del síndrome.

Dinámicas familiares durante la infancia:

“Cuando tu hermano es ‘el inteligente’ y tu eres ‘la simpática’, o tienes presión para sacar buenas notas, padres muy exitosos o sientes que eres la oveja negra”, cuenta Aida. Realmente la psicóloga es muy escueta en el desarrollo de sus posibles fuentes. En esta ocasión da importancia al momento más vulnerable de la persona.

Estereotipos sexuales:

El síndrome del impostor, según la especialista, es “igual de frecuente en mujeres que en hombres”, aunque hasta hace poco se pensaba que ocurría principalmente en mujeres debido a los “mensajes de éxito y fracaso en la sociedad” y a la “presión ante ser madre y, al mismo tiempo, una profesional de éxito”. Aquí se vuelve a hablar del heteropatriarcado como mal del problema. Realmente este tipo de sociedad abarca absolutamente toda la realidad y estrangula todo aquello que toca, ocultarlo se equipararía al intento de ocultar el sol con el dedo pulgar, solo tú puedes percibirlo.

Diferencias salariales:

Aida trabaja principalmente con mujeres profesionales y asegura que “la realidad de las mujeres en el mundo profesional” es también una causa de este síndrome. Está relacionado con el motivo anterior, pero sin lugar a dudas necesita de un apartado propio, no solo por la gravedad del “subproblema”, sino por la fuerza necesaria para combatirlo.

Percepción de éxito, fracaso y competencia:

“Las personas que sufren el síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos prácticamente imposibles de llevar a cabo”, reza el libro de Aida. Es aquí donde reside el mayor de los problemas. Casi la totalidad de las personas que lo sufren (al menos las que yo conozco) son personas que tienen unas capacidades asombrosas y se exigen tanto a sí mismas que es prácticamente imposible que lleguen a la meta “autoimpuesta”.


Posibles soluciones


Es curiosa la cantidad de gente con la que he podido hablar que se considera portadora del síndrome. Lo mejor de todo es que, para conseguir dejar atrás el problema, se tiene que conocer todo lo que se pueda del tema y hablar con personas a las que les pasa lo mismo. Cuando tuve la idea de tratar el síndrome del impostor, lo primero que hice fue tirar de contactos y preguntar directamente que hacían para superarlo (o que creían que les vendría bien a otros.) La primera respuesta con la que me enfrenté, casi por unanimidad, fue la de “no puedo decirte nada que te pueda servir” y todas sus variantes. Después de enfrentarme a la dichosa frase, conseguí mantener conversaciones que me demostraron que el síndrome suele atacar a personas con una madurez importante y un talento reseñable.

La lista

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Esto es algo que absolutamente todas las personas tienen en común, incluso yo la he hecho alguna vez. Coge una caja de zapatos o un bote de cristal y cada vez que consigas algo o te digan algo bonito por tu trabajo, escríbelo en un papel e introdúcelo en el recipiente. Si no te gusta la idea del recipiente puedes hacerlo en una libreta. Cada vez que te ofrezcan un proyecto y dudes de tus capacidades, leelo todo y luego decides.

Sal de la burbuja

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Aquí la burbuja se debe entender como algo irreal. Tendemos a pensar que todo el mundo está pendiente de nuestras meteduras de pata, que toman cuenta de todos y cada uno de nuestros errores. Nadie tiene una libreta en la que apunta cuándo y con qué nos equivocamos. Lo mejor que podemos hacer es darnos cuenta de esto y coger la aguja de la indiferencia y explotar la burbuja.

No existe el único camino

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Uno de los problemas fundamentales de las personas con las que he hablado (y en cierta forma, haciendo acopio de mi propia experiencia) es que tienden a seguir el camino de otras personas. Cuando no conseguimos los logros que dichas personas-modelos han conseguido a una determinada edad, comienzan las frustraciones. Cada persona tiene su camino y no existe uno único, sino todo lo contrario, cada persona tiene un itinerario distinto, unas necesidades y unos obstáculos a superar.


No eres el único

Nail Gaiman respondió a un fan con una anécdota realmente esclarecedora:

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Cataluña vs España, nada nuevo bajo el sol

El absurdo se ha apoderado de la realidad una vez más.

Todo el mundo usa esa manida expresión de “el siglo XXI” como si esto fuese sinónimo de modernidad. La ingenuidad es algo maravilloso, pero se transforma en un concepto peligroso cuando se convierte en escudo y trinchera. Nosotros los humanos somos dichos en repetirnos, seres cíclicos con epicentro en el ombligo, inabarcables, como el universo.

Durante el 1-O, mientras presenciaba todo lo que acontecía, parecía que estaba viendo un documental, no estaba pasando ahora, no era nada nuevo. La sensación se resume en la vuelta de las dos España que se enfrentaban alentadas por un bando u otro.

Poco tiempo tardó el resto de España en mostrar el bando afín en redes sociales, viscerales, cabreados, absurdos si hago símil con la situación global. En cualquier caso, España estaba partida por la mitad a golpe de porra, como antes, como siempre. Las familias se dividen, se dejan de hablar, se señalan, se insultan.

Los hijos de guardia civiles sufren acoso por serlo, los hijos de independentistas ven como sus padres sufren golpes por las fuerzas que deberían protegerlos. Ciudadanos- marionetas que hacen caso de las órdenes que les mandan los titiriteros a través de las cuerdas y se sacan los ojos los unos a los otros. Nada nuevo bajo el sol. Lo que está más que claro es el esfuerzo por parte de los políticos en mantener esa dualidad para reforzar sus posiciones, su poder.

Parece que a todo el mundo le ha pillado de nuevas esta intención de Cataluña por independizarse. Desde que tengo uso de razón los catalanes han tenido un cierto resquemor con el resto de España y esta un cierto odio a los catalanes. En el año 78 se hizo lo que pudo, a prisa y corriendo, para mantener la unidad, y no se hizo mal, pero el mundo gira y todo cambia, es ridículo que las leyes sigan inamovibles. Durante muchísimas décadas la respuesta de los gobernantes del Estado ha sido ignorar las peticiones catalanas y claro, el vapor entra y cuando no cabe más la tapadera de la olla exprés salta por los aires.

Lo que es realmente llamativo es el argumento de que se tendría que reformar la Constitución para poder mediar. No es imposible, ya se ha llevado a cabo dos reformas de la Carta Magna, una en 1992 y otra en 2011, ambas sin mucho debate, sin mucho ruido. La única solución posible es votar. Un referéndum para ver si se quiere la reforma, otro para ver la opinión de los catalanes sobre la independencia y otro para ver que opina el resto de España. Todo pasa por la votación ¿o acaso no era esa la principal característica de ese animal mitológico llamado “pueblo soberano?

Un robot comienza el sexto libro de Juego de Tronos

Winter is here

Leyendo el New York Post en el metro, mientras una señora me clavaba la hebilla del bolso en el codo y yo me planteaba seriamente tirarle el café en la cara, me topé con este titular:

images.jpgArtificial intelligence is writing the next ‘Game of Thrones’ book

Un robot ha comenzado a escribir el sexto libro de la saga de George RR Martin. Se me olvidó la hebilla, la señora y hasta que estaba tomando café.

Cinco tomos, 5.376 páginas es lo que ha introducido Zack Thoutt, un ingeniero de software, a un ser con inteligencia artificial para que sustituya a Martin (¿Usará también el sombrero que lleva el real?). Bueno, de acuerdo, realmente no sustituye al original, pero puede generar predicciones en torno a lo que sucederá en el siguiente libro.

Vamos, que viene siendo como un fan más de la saga. 
Sí, como esos que se quejan de los spoiler (si eres Pérez Reverte y estas leyendo esto, donde pone "spoiler" lee "destripe") y luego inundan de ellos las redes sociales.
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-Martin: No voy a escribir Vientos de Invierno. -Robot: ¿Qué no? madre mía, te digo yo a ti que sí.

Vale, en realidad el robot solo ha escrito frases sencillas y sus predicciones concuerdan con algunas de las teorías de los fans. Repito, la inteligencia artificial tampoco es más inteligente que los millones de personas que siguen la saga. El robot no ha descubierto nada nuevo bajo la atenta mirada de los Siete. Lo curioso es que el robot ha comenzado cada capítulo con el nombre de un personaje, como lo hace el autor.

“Es incapaz de construir una historia a largo plazo y la gramática no es ideal. Pero está capacitado para aprender los fundamentos de la lengua inglesa y adoptar el estilo de Martin”, le dijo Zack Thoutt a New York Post.

Pero a pesar de que la noche es oscura y alberga horrores el Dios de la Llama y la Sombra ha permitido que el robot haya escrito los cinco primeros capítulos.

¿La inteligencia artificial quitará el trabajo a los escritores?


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Pero este no es, ni de lejos, el primer caso en el que la inteligencia artificial emula el proceso creativo humano. PC Writer 2008 escribió en tres días una novela completita. Para que lo pudiera hacer acorde a lo que se le pedía se le introdujeron las herramientas narrativas, el vocabulario y el lenguaje de distintos escritores. Además de esto se le indicaron los perfiles de los personajes, una trama, un tiempo y el escenario para que se llevara acabo la historia.

La novela que creó la máquina tuvo el nombre de Amor Verdadero. Curiosamente imitaba la forma de escribir de Haruki Murakami y los personajes de Anna Karenina.

En octubre de 2015 apareció Wordsmith, un robot usado por Associated Press para crear 3000 artículos, cada trimestre, sobre los resultados fiscales de distintas compañías. En enero del año siguiente, Andy Herd creó una red neuronal que puede generar diálogos de la famosa serie Friends a partir de los diálogos originales de la serie (como así lo recogió un reportaje elaborado por El Español en 2016).

La inteligencia artificial ha conseguido, incluso, superar al ser humano en una partida de Go. AlphaGo ganó la partida y derroto el ego del contrincante, con sus mejillas sonrosadas y su torrente sanguíneo inservible bombeando energéticamente incluidos.

¿Significará todo esto que dentro de unos años los blogs serán escritos por ordenadores sin necesidad de la mano humana? Quien sabe, solo toca esperar para saber si esto es así. Solo deseo que la espera sea menor de la que están sufriendo l@s “troner@s” por el siguiente libro.

El tiempo en la narración: Ser un conejo en busca de su Alicia.

Imaginemos que la narración es un precioso conejo blanco que no para quieto. Las manecillas tienen un imán que lo obliga a mirar el reloj dorado donde se marca los distintos tipos de tiempo narrativos. Ahora imaginemos que el lector es Alicia, una Alicia irreverente, caprichosa y escurridiza. ¿Lo tienes en la cabeza? Bien, es exactamente así como funciona el tiempo en la narración. Si te acuerdas del cuento de Lewis Carroll sabrás que el conejo se dejaba ver lo justo para producir curiosidad en Alicia. Esta quería saber que le producía esa prisa al conejo y cómo era posible que un conejo hablara y llevara un reloj. Nosotros como escritores tenemos que producir esa misma sensación en el lector.

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Cuando hable de tiempo en la narración no me estoy refiriendo, como ya sabrás, del parte meteorológico que tendrá tu relato, pero sí del uso que le darás al tiempo en tu historia.

Muchos son los investigadores que  han teorizado sobre el tiempo en la narración pero realmente todo es orientativo, a la hora de escribir podemos probar cosas nuevas. Meternos en marrones e intentar salir lo más dignamente que nos deje nuestra historia. Es interesante jugar con los distintos tiempos, hibridar los que voy a darte.

Tienes varias formas de manejar tu narración y dependiendo de lo que trate la historia será mejor una u otra. Tenemos que hacer que nuestra Alicia sienta curiosidad para seguir leyendo.

Tiempos narrativos

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Muchos son los autores que han dedicado sendos libros a tratar el tema. Realmente cada autor tiene su propio método y guiarte por uno solo hará que no descubras otras realidades.


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Para Doménico Chiappe (escritor y periodista peruano) en toda narración, ya sea de ficción o de no ficción, existen dos tipos de tiempos. Uno es el tiempo real y el otro el tiempo de la narración.


 

mario-vargas-llosaMario Vargas Llosa define al punto de vista temporal como la relación entre el tiempo del narrador y el tiempo de lo narrado.

  1. Que coincidan ambos en el presente gramatical (mientras escribo algo está aconteciendo).
  2. Que el narrador esté en el presente y la acción en el pasado (escribo para contar lo que pasó).
  3. Que el narrador esté en el pasado y narre hechos del presente o futuro (cuando termine de escribir sucederá algo)

El tiempo real o cronológico


Este es objetivo y externo. Esta temporalidad es la misma en el interior y en el exterior de la novela. Normalmente se usa para dar la sensación de que lo que le ocurre al protagonista está pasando actualmente, que el protagonista descubre los hechos a la par que el lector. Te ayudará a producir en el lector la sensación de angustia, de que puede pasarle a él lo que le pasa al protagonista. Realmente hace vivir al lector en primera persona los hechos narrados.

No significa que no se pueda modificar. Si los acontecimientos que estas relatando son muy rápidos puedes ralentizar el relato para hacer que el lector entre de lleno. Por ejemplo, si vas a contar un accidente de tráfico, puedes dilatar el acontecimiento para que el lector se de cuenta que justo en ese momento un pequeño alien rosa se escondía en la guantera.

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Tiempo de la narración o ficticio


Depende de la sensación que tiene el lector sobre el lapso de tiempo transcurrido durante la acción descrita. Esta temporalidad es distinta a la que tiene el lector, hay viajes al pasado y al futuro.

Es la opción que tenemos que trabajar cuando queremos añadir suspense. El narrador sabe algo que el lector no y se recrea en eso, aparecen frases que refuercen la idea de que te vas a enterar de algo pronto, “se esto que va a pasar y te vas a caer del sillón cuando lo sepas”.

Se tiene que tener en cuenta la duración, la sucesión y orden en que se producen los distintos acontecimientos. Se construye un ritmo distinto al existente en un reloj, marca su propio compás. Una novela puede pasar en unos minutos, en unas horas, unos días o en años.

Herramientas que pueden ayudarte para el tiempo de la narración

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Puedes anticipar o posponer hechos para aumentar la incertidumbre, de esta forma se produce una ruptura del tiempo real, la linea cronológica de acontecimientos.

  • Analepsis o retrospección: es la voz española del concepto Flashback. Relatar un acontecimiento ya pasado que ayuda a entender algo que está pasando en el presente.
  • Prolepsis o antelación la voz española del Flashforward. Relatar un acontecimiento futuro.

Dependiendo de cada relato la temporalidad irá cambiando y las herramientas que juegan con el tiempo ayudan a marcar unas actitudes u otras de un personaje. O nos puede servir para aumentar el suspense. De cualquier forma es algo en lo que tenemos que poner mucho esfuerzo.

Evocación de eternidad: ¿quiéres que tus palabras perduren en el tiempo?

Toda persona que lleva a cabo una actividad artística tiene la intención de perdurar en el tiempo. Si no de manera clara si que en lo más profundo de su psique (en una cueva recóndita cubierta por mares devoradores de piratas, arrgg).

“Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro”

En esta frase la única intención que sale resultante es la de perdurar en el tiempo mediante tu idea (libro), tus genes (el hijo), tus intenciones (el árbol). Y todos hemos dicho, o al menos escuchado, está maravillosa y trilladísima frase que en la inmensa mayoría de mujeres, hombres y ornitorrincos se queda en un intento.

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Seguramente todo es promovido por evitar la muerte después de que se nos pare el corazón.

Es verdad que en las vanguardias hubo un movimiento artístico que se caracterizaba por la no perduración del arte, el anti-arte. Pensemos un momento en el Dadaismo. Realmente estos artistas abogaban por que el arte no era una actividad de personas con habilidades especiales, eliminaron el snobismo del arte. Precisamente por eso perduraron en el tiempo. En su intención por romper con el arte anterior crearon un camino que nos permite hacer lo que nos de la real gana (artísticamente hablando). Y pese a sus intenciones consiguieron tatuarse en la eternidad.

Pero te estoy hablando de arte todo el tiempo, y aunque es interesante, no es lo que nos ocupa a nosotros. En la literatura (vale, tienes razón, la literatura también es arte) irrumpieron para destruir lo anterior, al igual que en el arte pictórico. Y te preguntarás qué es eso del anti-arte, en este caso anti-literatura o anti-poesía. Bueno, pues el motivo es que me interesaría saber que se te pasa por la cabeza cuando escribes, tus intenciones. Pero antes…

¿Te atreverías a hacer  un ejercicio?

Coge un periódico o revista, una tijeras y sigues las instrucciones.

Para hacer un poema dadaísta

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Este poema es la explicación, las instrucciones de como llevar a cabo un poema dadaista. Prometo que no es invención mía, esto es real y está en la historia de la literatura. Su autor es Tristan Tzatza, uno de los promotores del movimiento. Realmente parece una locura, bueno, lo parece y lo es. El movimiento, al igual que sus autores, tenían vocación de regadera. ¿Te acuerdas de Dalí? pues eso.

XIII

DADA es un microbio virgen
Dadá está contra la carestía de la vida
Dadá
sociedad anónima para la explotación de las ideas
Dadá tiene 391 actitudes y colores diferentes según el sexo del presidente
Se transforma -afirma- dice al mismo tiempo lo contrario -sin importancia- grita -pesca con caña.
dadá es el camaleón del cambio rápido e interesado.
dadá está en contra del futuro. dadá está muerto. dadá es idiota. Viva dadá. dadá no es una escuela literaria, aúlla.

Tristán Tzara, Siete manifiestos DADA, Tusquets editor, Barcelona, 1972.

Baudelaire ya escribió en Pintor de la vida moderna que la fugacidad es completa y que hay que retratar a la humanidad, ya que bajo sus ropajes reside la eternidad. Y les guste o no a los artistas dadaista se quedaron sin ropajes directamente para entrar en la historia de la literatura.

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Fran contrólate que esto no le interesa a nadie.

Puede que me haya pasado un poco presentando el tema. Cuando comienzo es difícil pararme.

¿Reside la eternidad bajo los ropajes humanos? ¿Intentas retener algo de ti en tu obra para que se te recuerde?

Saber lo que piensas sobre este asunto es el principal motor de la entrada.

¿Tú qué opinas?

 

 

Bloqueo literario: cómo luchar contra una hoja en blanco

Todos hemos tenido esos momentos en los que por más que intentábamos escribir, la imposición blanquecina de la hoja nos creaba una sensación de soledad y mediocridad que nos impedía hacerlo. De esta forma, creamos un agujero (de tristeza y congoja) en el espacio-tiempo que nos confirma que deberíamos seguir haciendo lo que estuviéramos haciendo antes de sentarnos frente al word.

Para el gran Truman Capote, uno de los padres del periodismo narrativo, la hoja en blanco era una auténtica angustia:

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“Yo siempre me pongo muy, muy nervioso al comienzo de la jornada de trabajo. Me lleva mucho tiempo empezar. Una vez que empiezo, voy tranquilizándome un poco, pero haría cualquier cosa por aplazarlo para más tarde. Debo tener unos quinientos lápices afilados, pero vuelvo a sacarles punta hasta dejarlos en nada”.

Pero hablaremos de Capote en otra entrada. Realmente es fácil solucionar el momento “no sé que estoy haciendo con mi vida, igual no valgo para esto”.  Para hacerlo solo tienes que seguir dos pasos:

  1. Cierrar la libreta, el word o cualquier otra herramienta en la que escribas.
  2. Léete este post.

(Bueno, en realidad el último paso no es de vital importancia, pero yo te lo agradecería).

Tipos de bloqueo

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El otro día me topé casi por casualidad con el blog de Maite Sanchez, escritora y diseñadora gráfica. El blog se llama Maia’s Notes y su autora hablaba, allá por 2009, de 10 tipos de bloqueos, muchos de ellos eran los mismos pero con ligeras modificaciones. Este apartado versa sobre la base de esta escritora, añadiéndole un aporte personal que si prefieres no leer ¿QUÉ HACES EN MI BLOG?

Del decálogo de Maite permanecen los nombres de estos cinco tipos de bloqueo:

1 Síndrome de la ventana o la hoja en blanco


De esto es lo que hablábamos antes, la inmensidad de la blancura, ya sea en papel o digital. La hoja en blanco impone.

¡Qué no cunda el pánico!

Todo tiene solución menos la muerte, bueno la muerte también tiene solución si tú no eres el muerto.

2 Síndrome del hilo enredado


En este bloqueo sabes lo que pasa al principio, el nudo y el desenlace; conoces todas las escenas, a sus protagonistas, la relación entre ellos y hasta la marca de dentífrico que usa el vecino de uno de tus personajes secundarios, para limpiar la plata, mientras en la escalera está pasando algo realmente importante para la trama.  Pero a pesar de conocer todo los detalles, no sabes como comenzar a contarlo. Yo añadiría la posibilidad de que te quedes con una laguna entre escena y escena. Tienes a tu protagonista en Alburquerque, donde se le ha muerto el perro atropellado, y necesita ir a Lepe para incinerarlo porque la madre del perro era natural del pueblo y tú sabes que es lo que Laika quería.  Quieres que tu narración fluya sin saltos rarunos.

¿CÓMO COJONES HAGO QUE VAYA DE UNA LOCALIZACIÓN A OTRA SIN QUE QUEDE FORZADO?

3 Síndrome de la congestión mental (o de los Tres Chiflados)


La mejor forma de describirlo es con una escena de los Simpsom. ¿Os acordáis de cuando el SrBurns va al médico y le dice que tiene tantas enfermedades que hacen tope y no padece ninguna?

Pues si cambiamos los “microorganismos de fantasía” por ideas, tienes la mejor descripción gráfica.

O en su versión más light. Estás escribiendo una novela alrededor de una idea y otra martillea incesantemente la puerta.

4 Síndrome de la Paranoia del concursante


Has terminado tu novela, la has revisado y corregido. Lees las bases del concurso y te das cuenta que es obligatorio un mínimo de 40.000 palabras y solo tienes 30.000. Necesitas engordar la novela, pero tampoco quieres meter paja. Abres el word en Times New Roman tamaño 12 con doble interlineado y no sabes que añadir, te has quedado completamente seco/a mientras llorabas los últimos quejidos de Laika. Te falta una semana y media para añadir contenido y enviar la novela.

En la cabeza solo tienes la certeza que lo vas a pasar muy mal.

5 Síndrome del procrastinador o VICIO (Virus de Interferencia Común Inducida por el Ocio)


Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todos hemos mirado con el rabillo del ojo la lucecita titileante del móvil cuando estamos en el arduo trabajo de crear vida. La media de tiempo en que dejamos de teclear (o escuchamos el boli chocar contra la mesa) es de 30 segundos.

Ya hemos caído en el VICIO.

Pasamos más tiempo mirando Twitter, Instagram o Facebook que escribiendo sobre la muerte de Laika y  el sufrimiento de su “dueña”.

Cómo solucionar un bloqueo

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Lancé la pregunta que titula este apartado en mis redes sociales y el primer mensaje que me llegó fue de una ilustradora (que además escribe) diciéndome que cada persona necesita distintas herramientas para salir del bloqueo.

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Las respuestas que recibí, en muchas ocasiones, comparten aspectos tremendamente parecidos. Con todo el material obtenido me fue fácil vertebrar seis métodos entre los que puedes elegir el que prefieras.

Método Dalái lama

Lo principal de este método es mantener la cabeza en blanco, quitar cualquier idea que tengas y pensar en la paz mundial. Desconectar de todo. El estrés por terminar el proyecto no ayuda, lo sé, pero en lugar de arañarte la cara y llorar, sal a la calle y anda, corre, haz deporte.

Es algo difícil, pero lo mejor que puedes hacer es recurrir a la meditación, enciende una velas, pon música relajante y dúchate. Si la ducha no te sirve para hacer que la blancura pase de la hoja a tu mente, usa Mindfulness, esta aplicación me la recomiendó Adrie Tejero  cuando le pregunté cómo conseguía mantener la mente en blanco.

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Mindfulness, en realidad, es una filosofía de vida que se basa en la meditación. Con esta técnica se busca lograr un estado de atención centralizado en un pensamiento o sentimiento, un objeto, la concentración propiamente dicha, o algún elemento corporal como los latidos o la respiración. Tranquilo, no hace falta hacer un curso super caro para saber meditar, solo con descargar la app, del mismo nombre, ya tendrás distintas formas de meditación y una guía para llevarla a cabo.

Deja de darle vueltas a la idea que está encallada, permite que el cerebro se oxigene y no esperes recobrar la idea. Sí es difícil llegar a ese pensamiento pero si te repites una y otra vez PON LA MENTE EN BLANCO posiblemente no lo consigas y te angusties más. Deja que todo fluya.

Método “sexo, drogas y rock&roll”

Este método es el más divertido. Una de los artistas que me respondió, lo hizo con la versión romántica del sexo, me dijo que ella “hacia hijos”.

Cuando estés completamente cerrado/a, mantén sexo, pero no lo tengas de manera rápida y pensando en que te va a volver la idea (como te digo en el anterior método), no te va a servir de nada. Recréate en la actividad.

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Sara Romo, con su directa forma de entenderlo todo, me recomienda que si no hay sexo cercano, quererse solo tampoco está mal.

Esto tiene una explicación científica, el sexo desestresa y libera a la mente de las cadenas que lo oprimían antes de practicarlo, es lo que tiene el orgasmo, MAGIA. (También podemos llamarla oxitocina que es la hormona responsable de que aumente la intensidad del orgasmo).

Según los investigadores de la Universidad de Princeton, tener sexo varios días a la semana consigue reducir la liberación de la llamada “hormona del estrés” u hormona cortisol. El sexo también aumenta la formación de nuevas neuronas (neurogénesis) y el número de conexiones entre células nerviosas, todo esto según los señores de Princeton. Vamos que es un chollo que reduce dramáticamente los niveles de ansiedad.

Emborráchate. Si supieras la cantidad de gente que me dijo que cuando se bloquea “bebe para olvidar” te sorprenderías. Pero es lo que me dicen y es lo que escribo. No lo recomiendo porque, según he podido comprobar, esto hace que tardes varios días en recobrar la idea en la que estás escribiendo.

Si ves que nada de esto te sirve, haz como mi amiga Laura, PONTE A JUGAR AL PARCHÍS.

 

Método “Consumidor de historias”

Este método está elaborado con la ayuda de Carlos S. Baos, de él es el trabajo de bautizar el método.

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Muchos de los que se animaron a darme su forma de luchar, coincidían con que lo que les servía a ellos era leer, ver películas y series o videoclips de Britney Spears. En definitiva, consumir otras historias para que, disfrutando de estas, surjan las claves para abrir la cerradura del bloqueo. Mantener la cabeza ocupada. Todos hemos tenido ese momento de estudio en el que no paran de brotar ideas, precisamente ese es el efecto que se busca con el método.

Hay quien lee a sus autores preferidos e intenta hacer una versión distinta de lo que ellos ofrecen. Una manera interesante de desengrasar la maquinaria.

Método Dumbo

El mensaje más escueto fue uno que rezaba así: “Ponte esto y tu mente se moverá sola” adjuntándome el siguiente vídeo.

Nada más que decir de este método, aquí cada uno lo hace como puede.

Método “A palo seco”

Muchos me comentaron que lo que a ellos le viene bien es escribir sobre el propio bloqueo. O también, (según me comentaba Paco Ramos) escribir a modo de diario lo que les ha pasado a lo largo del día, para después, pasarlo a tercera persona.

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Sí, es Ibis, de American Gods. Imagen recomendada por Carlos S. Baos. Cuando el bloqueo es algo bestia, le pido consejo a Carlos. Cuando un escritor es bueno hay que intentar empaparse de lo que ofrece, aunque no lo sepa o no se lo crea.

La idea del método es escribir, escribir de lo que sea a pesar de que no tenga mucho sentido. Escribir para coger carrerilla, para que en el proceso de escritura se rompa el bloqueo. Escribir “a palo seco” sin que tengas idea de lo que estás escribiendo.

Incluso abrir un libro por una página al azar, seleccionar una frase cualquiera y seguir escribiendo a partir de dicha frase. Esta actividad te permite dar vueltas a una idea que no se te habría ocurrido sin la ayuda del libro.

Método “a tomar por culo”

“Vivo mis bloqueos como una agresión. Alguien que me quita la voz, que me impone su orden. ¿Alguien? El ruido, las sonrisas fingidas, lo que no me importa… Huyo, me voy, desaparezco. Desertar -no siempre es posible, casi nunca es posible desertar del todo- es una forma sutil de violencia. Desertando total o parcialmente, a veces, regresa mi propia voz.  Dicho menos finamente Francisco…. es la técnica conocida como ” a tomar por culo”. El efecto terapéutico y liberador de mandar a la mierda a algo o a alguien produce milagros. Soy militante de eso”.

– Paco González Fuentes-.

Poco hay que añadir al maravilloso método de Paco. Si lo que te preocupa es que lo externo te satura, no dudes en hacer lo que González Fuentes y manda a todo y todos a vendimiar a Francia.


Mi método es un poco más peligroso.

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Va rozando la fina línea de la procrastinación, pero si sabes donde están los limites  no caerás en ella. Twitter es una forma fácil de conocer las ideas de otros, comentarlas y debatirlas. Cuando la batalla la va ganando la hoja en blanco suelo minimizarla (soy de escribir en ordenador) y entrar en twitter para conocer que es lo que hacen escritores, blogger y amigos que sigo. Cuando consigo entrar en conversación sobre cualquier tema de los que ellos están trabajando, me es fácil conectar con la idea que se me fue (momentaneamente) de la cabeza.


Cuéntame tu método, si es distinto a los que he elaborado, prometo añadirlo.


Realmente lo que tienes que intentar a toda costa es seguir el consejo de Laura. En este maravilloso consejo se resume gran parte de la filosofía de los métodos anteriores:

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Muchos escritores hablan de pautas y actividades que te sacarán del bloqueo.

Si después de probar los métodos que he descrito (con la magistral ayuda de la comunidad de Facebook) ninguno te ha servido, siempre puedes recurrir a actividades o pautas de escritores consagrados.

Cuidado con usar todos los métodos a la vez que igual terminas con un bloqueo, pero corporal.

Te dejo una selección de los que me han parecido más interesantes.

Pautas:

Actividades:

Nos leemos el jueves 6 para estrenar julio.