Tomás II

Detrás quedó la noche y mis pies pisaban de nuevo el frío suelo- ¿Y mis zapatillas?- después de colocarme la bata como quien la tira sobre un perchero salgo de mi habitación.

– Buenos días mamá- se le notaba que no había pegado ojo y que el llanto seguía llamando a su ventana arrojando piedras que encontraba por el camino de la ciudad.
– Buenos días, he hecho tostadas- ya había cogido un par antes de que concluyese la frase, en esos momentos es cuando más se notaba su ausencia, su mirada por encima del periódico, sus chistes malos, su torrente desmesurado…
-… y su voz ronca- rápidamente meré a mi madre, estaba llorando, por mi culpa, por no poder controlar mi lengua, mis pensamientos…

Lily

El sacerdote totalmente agotado sujetaba la calderilla casi vacía a la vez que gritaba una y otra vez palabras en latín inteligibles para los familiares de la joven Lily.

La pequeña de aspecto angelical levitaba sobre la cama, los pronunciados rizos casi blancos brincaban sin parar; se hubiera escapado por la ventana (que dejaron abierta para que la pequeña no prendiera en llamas) si no fuese por las cuatro esposas( que su padre, el Sheriff, había guardado desde que descubrieron cuatro meses atrás la nueva diversión de Lily) que la mantenían sujetada a la cama.
-Padre me hace cosquillas- la pequeña soltó una carcajada que produjo el llanto desconsolado de la madre- otra vez, otra vez- la voz era demasiado varonil aunque desmesuradamente inocente.
En tan solo un instante cambió la expresión, sus rasgos juveniles dejaron paso a unas facciones completamente horribles, aquella cara se semejaba más a una anciana de unos ochenta y pocos:
– Te veré pronto y el padre- la voz erizó a todos los que observan la escena y el llanto de la madre venció todos los sonidos que entraban en la estancia.
– ¡Vuelve al infierno!- el sacerdote vociferó mientras vertía el resto del agua bendita y entraba el aire frío por la nevada.
-lo dice como si fuese algo malo- la joven anciana volvió a la voz inocente aunque ronca- ¡Tengo sed!- terminó la frase en seco- ¿Alguien me trae un gato?- la ultima palabra la dijo como si de una orden se tratase, no paró de reír hasta que el sacerdote la miró inquisitoriamente-Vale, vale-la carcajada fue más profunda que las anteriores.
El sacerdote le puso la mano en la arrugada frente y gritando- ¡Sal de su cuerpo!- cayeron los dos haciendo una espiral y el joven corazón de la pequeña hizo un extraño silbido, los ojos buscaron a su madre, cuando la encontró se miraron con ternura y la pequeña, como si la llama de una vela se tratase, se fue apagando poco a poco hasta que la vida la abandono escapando por la ventana.

Tomás

Sigo esperando la llamada sentado en la ventana de mi cuarto, la oscuridad es mi más ferviente seguidora y las sombras le dan la mano. Solo tengo constancia de una luz que puedo ver desde este portal y esta situada detrás del árbol. Justo en el momento que mis ideas se organizaban y dejaban un tenue pasillo para que el sueño pudiera volver, para amarrarlo con cadenas de plata y que nunca más se marchase; llamaron a la puerta.

-¿Puedes dormir?- el sobresalto se esfumó al escuchar la voz de mi madre al otro lado de la puerta.
– No, pasa estoy despierto- me limpié las lágrimas para que mi madre no se preocupase,¿para qué? si no había solución.
Sólo pude ver su silueta y me recuerdo las noches que me acunaba envuelto en la manta roja de cuadro para que pudiera dormir.
– ¿Necesitas algo?- su voz preocupada a la vez que triste penetró en mis tímpanos y me insufló una tranquilidad gaseosa que se escapó nada mas entrar.
– Me duele un poco la cabeza- le mentí- pero seguro que un té calentito no me vendrá nada mal.
Ella salió y cerró la puerta, a mis oídos llegaron un claro aunque silencioso llanto…