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Síndrome del impostor: Ser escritor y creérselo

¿Cuántas veces has tenido una idea pero no la has llevado a cabo porque no crees que seas lo suficientemente bueno para hacerla con éxito? No eres el único.

¿Qué es el síndrome del impostor?

Este síndrome es un malestar emocional que se asocia a un sentimiento de que todo lo que se lleva a cabo es mediocre. El síndrome del impostor no aparece descrito en ningún manual de diagnóstico médico, pero bajo este término se agrupan un conjunto de síntomas que pueden causar un importante malestar emocional. En muchos casos está relacionado con la depresión y una baja autoestima, aunque no necesariamente. Podríamos decir que el dichoso síndrome es una suerte de parásito que tiene como último propósito chupar la autoestima del anfitrión.

El problema de las personas que han sufrido dicho mal es la creencia de que todo sus logros no son merecidos, que lo han obtenido porque el juez que se lo ha otorgado era demasiado benévolo. Este problema aparece en cualquier ámbito de la persona afectada, ya sea en el ámbito laboral, en el académico o en las relaciones sociales. En cualquier caso, se podría resumir como el miedo atroz a que los demás descubran el fraude que estás llevando a cabo, ya sea con una actividad laboral como con la propia personalidad.

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Posibles motivos

Existen autores que se atreven a afirmar los motivos del síndrome, es algo bastante controvertido que aún está en investigación, como la mayoría de “problemas mentales”. Aida Baida recoge en su libro “Cómo Superar el Síndrome del Impostor” cuatro posible fuentes del síndrome.

Dinámicas familiares durante la infancia:

“Cuando tu hermano es ‘el inteligente’ y tu eres ‘la simpática’, o tienes presión para sacar buenas notas, padres muy exitosos o sientes que eres la oveja negra”, cuenta Aida. Realmente la psicóloga es muy escueta en el desarrollo de sus posibles fuentes. En esta ocasión da importancia al momento más vulnerable de la persona.

Estereotipos sexuales:

El síndrome del impostor, según la especialista, es “igual de frecuente en mujeres que en hombres”, aunque hasta hace poco se pensaba que ocurría principalmente en mujeres debido a los “mensajes de éxito y fracaso en la sociedad” y a la “presión ante ser madre y, al mismo tiempo, una profesional de éxito”. Aquí se vuelve a hablar del heteropatriarcado como mal del problema. Realmente este tipo de sociedad abarca absolutamente toda la realidad y estrangula todo aquello que toca, ocultarlo se equipararía al intento de ocultar el sol con el dedo pulgar, solo tú puedes percibirlo.

Diferencias salariales:

Aida trabaja principalmente con mujeres profesionales y asegura que “la realidad de las mujeres en el mundo profesional” es también una causa de este síndrome. Está relacionado con el motivo anterior, pero sin lugar a dudas necesita de un apartado propio, no solo por la gravedad del “subproblema”, sino por la fuerza necesaria para combatirlo.

Percepción de éxito, fracaso y competencia:

“Las personas que sufren el síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos prácticamente imposibles de llevar a cabo”, reza el libro de Aida. Es aquí donde reside el mayor de los problemas. Casi la totalidad de las personas que lo sufren (al menos las que yo conozco) son personas que tienen unas capacidades asombrosas y se exigen tanto a sí mismas que es prácticamente imposible que lleguen a la meta “autoimpuesta”.


Posibles soluciones


 

Es curiosa la cantidad de gente con la que he podido hablar que se considera portadora del síndrome. Lo mejor de todo es que, para conseguir dejar atrás el problema, se tiene  que conocer todo lo que se pueda del tema y hablar con personas a las que les pasa lo mismo. Cuando tuve la idea de tratar el síndrome del impostor, lo primero que hice fue tirar de contactos y preguntar directamente que hacían para superarlo (o que creían que les vendría bien a otros.) La primera respuesta con la que me enfrenté, casi por unanimidad, fue la de “no puedo decirte nada que te pueda servir” y todas sus variantes. Después de enfrentarme a la dichosa frase, conseguí mantener conversaciones que me demostraron que el síndrome suele atacar a personas con una madurez importante y un talento reseñable.

La lista

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Esto es algo que absolutamente todas las personas tienen en común, incluso yo la he hecho alguna vez. Coge una caja de zapatos  o un bote de cristal y cada vez que consigas algo o te digan algo bonito por tu trabajo, escríbelo en un papel e introdúcelo en el recipiente. Si no te gusta la idea del recipiente puedes hacerlo en una libreta. Cada vez que te ofrezcan un proyecto y dudes de tus capacidades, leelo todo y luego decides.

Sal de la burbuja

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Aquí la burbuja se debe entender como algo irreal. Tendemos a pensar que todo el mundo está pendiente de nuestras meteduras de pata, que toman cuenta de todos y cada uno de nuestros errores.  Nadie tiene una libreta en la que apunta cuándo y con qué nos equivocamos. Lo mejor que podemos hacer es darnos cuenta de esto y coger la aguja de la indiferencia y explotar la burbuja.

No existe el único camino

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Uno de los problemas fundamentales de las personas con las que he hablado (y en cierta forma, haciendo acopio de mi propia experiencia) es que tienden a seguir el camino de otras personas. Cuando no conseguimos los logros que dichas personas-modelos han conseguido a una determinada edad, comienzan las frustraciones. Cada persona tiene su camino y no existe uno único, sino todo lo contrario, cada persona tiene un itinerario distinto, unas necesidades y unos obstáculos a superar.


No eres el único

Nail Gaiman respondió a un fan con una anécdota realmente esclarecedora:

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Bloqueo literario: cómo luchar contra una hoja en blanco

Todos hemos tenido esos momentos en los que por más que intentábamos escribir, la imposición blanquecina de la hoja nos creaba una sensación de soledad y mediocridad que nos impedía hacerlo. De esta forma, creamos un agujero (de tristeza y congoja) en el espacio-tiempo que nos confirma que deberíamos seguir haciendo lo que estuviéramos haciendo antes de sentarnos frente al word.

Para el gran Truman Capote, uno de los padres del periodismo narrativo, la hoja en blanco era una auténtica angustia:

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“Yo siempre me pongo muy, muy nervioso al comienzo de la jornada de trabajo. Me lleva mucho tiempo empezar. Una vez que empiezo, voy tranquilizándome un poco, pero haría cualquier cosa por aplazarlo para más tarde. Debo tener unos quinientos lápices afilados, pero vuelvo a sacarles punta hasta dejarlos en nada”.

Pero hablaremos de Capote en otra entrada. Realmente es fácil solucionar el momento “no sé que estoy haciendo con mi vida, igual no valgo para esto”.  Para hacerlo solo tienes que seguir dos pasos:

  1. Cierrar la libreta, el word o cualquier otra herramienta en la que escribas.
  2. Léete este post.

(Bueno, en realidad el último paso no es de vital importancia, pero yo te lo agradecería).

Tipos de bloqueo

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El otro día me topé casi por casualidad con el blog de Maite Sanchez, escritora y diseñadora gráfica. El blog se llama Maia’s Notes y su autora hablaba, allá por 2009, de 10 tipos de bloqueos, muchos de ellos eran los mismos pero con ligeras modificaciones. Este apartado versa sobre la base de esta escritora, añadiéndole un aporte personal que si prefieres no leer ¿QUÉ HACES EN MI BLOG?

Del decálogo de Maite permanecen los nombres de estos cinco tipos de bloqueo:

1 Síndrome de la ventana o la hoja en blanco


De esto es lo que hablábamos antes, la inmensidad de la blancura, ya sea en papel o digital. La hoja en blanco impone.

¡Qué no cunda el pánico!

Todo tiene solución menos la muerte, bueno la muerte también tiene solución si tú no eres el muerto.

2 Síndrome del hilo enredado


En este bloqueo sabes lo que pasa al principio, el nudo y el desenlace; conoces todas las escenas, a sus protagonistas, la relación entre ellos y hasta la marca de dentífrico que usa el vecino de uno de tus personajes secundarios, para limpiar la plata, mientras en la escalera está pasando algo realmente importante para la trama.  Pero a pesar de conocer todo los detalles, no sabes como comenzar a contarlo. Yo añadiría la posibilidad de que te quedes con una laguna entre escena y escena. Tienes a tu protagonista en Alburquerque, donde se le ha muerto el perro atropellado, y necesita ir a Lepe para incinerarlo porque la madre del perro era natural del pueblo y tú sabes que es lo que Laika quería.  Quieres que tu narración fluya sin saltos rarunos.

¿CÓMO COJONES HAGO QUE VAYA DE UNA LOCALIZACIÓN A OTRA SIN QUE QUEDE FORZADO?

3 Síndrome de la congestión mental (o de los Tres Chiflados)


La mejor forma de describirlo es con una escena de los Simpsom. ¿Os acordáis de cuando el SrBurns va al médico y le dice que tiene tantas enfermedades que hacen tope y no padece ninguna?

Pues si cambiamos los “microorganismos de fantasía” por ideas, tienes la mejor descripción gráfica.

O en su versión más light. Estás escribiendo una novela alrededor de una idea y otra martillea incesantemente la puerta.

4 Síndrome de la Paranoia del concursante


Has terminado tu novela, la has revisado y corregido. Lees las bases del concurso y te das cuenta que es obligatorio un mínimo de 40.000 palabras y solo tienes 30.000. Necesitas engordar la novela, pero tampoco quieres meter paja. Abres el word en Times New Roman tamaño 12 con doble interlineado y no sabes que añadir, te has quedado completamente seco/a mientras llorabas los últimos quejidos de Laika. Te falta una semana y media para añadir contenido y enviar la novela.

En la cabeza solo tienes la certeza que lo vas a pasar muy mal.

5 Síndrome del procrastinador o VICIO (Virus de Interferencia Común Inducida por el Ocio)


Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todos hemos mirado con el rabillo del ojo la lucecita titileante del móvil cuando estamos en el arduo trabajo de crear vida. La media de tiempo en que dejamos de teclear (o escuchamos el boli chocar contra la mesa) es de 30 segundos.

Ya hemos caído en el VICIO.

Pasamos más tiempo mirando Twitter, Instagram o Facebook que escribiendo sobre la muerte de Laika y  el sufrimiento de su “dueña”.

Cómo solucionar un bloqueo

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Lancé la pregunta que titula este apartado en mis redes sociales y el primer mensaje que me llegó fue de una ilustradora (que además escribe) diciéndome que cada persona necesita distintas herramientas para salir del bloqueo.

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Las respuestas que recibí, en muchas ocasiones, comparten aspectos tremendamente parecidos. Con todo el material obtenido me fue fácil vertebrar seis métodos entre los que puedes elegir el que prefieras.

Método Dalái lama

Lo principal de este método es mantener la cabeza en blanco, quitar cualquier idea que tengas y pensar en la paz mundial. Desconectar de todo. El estrés por terminar el proyecto no ayuda, lo sé, pero en lugar de arañarte la cara y llorar, sal a la calle y anda, corre, haz deporte.

Es algo difícil, pero lo mejor que puedes hacer es recurrir a la meditación, enciende una velas, pon música relajante y dúchate. Si la ducha no te sirve para hacer que la blancura pase de la hoja a tu mente, usa Mindfulness, esta aplicación me la recomiendó Adrie Tejero  cuando le pregunté cómo conseguía mantener la mente en blanco.

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Mindfulness, en realidad, es una filosofía de vida que se basa en la meditación. Con esta técnica se busca lograr un estado de atención centralizado en un pensamiento o sentimiento, un objeto, la concentración propiamente dicha, o algún elemento corporal como los latidos o la respiración. Tranquilo, no hace falta hacer un curso super caro para saber meditar, solo con descargar la app, del mismo nombre, ya tendrás distintas formas de meditación y una guía para llevarla a cabo.

Deja de darle vueltas a la idea que está encallada, permite que el cerebro se oxigene y no esperes recobrar la idea. Sí es difícil llegar a ese pensamiento pero si te repites una y otra vez PON LA MENTE EN BLANCO posiblemente no lo consigas y te angusties más. Deja que todo fluya.

Método “sexo, drogas y rock&roll”

Este método es el más divertido. Una de los artistas que me respondió, lo hizo con la versión romántica del sexo, me dijo que ella “hacia hijos”.

Cuando estés completamente cerrado/a, mantén sexo, pero no lo tengas de manera rápida y pensando en que te va a volver la idea (como te digo en el anterior método), no te va a servir de nada. Recréate en la actividad.

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Sara Romo, con su directa forma de entenderlo todo, me recomienda que si no hay sexo cercano, quererse solo tampoco está mal.

Esto tiene una explicación científica, el sexo desestresa y libera a la mente de las cadenas que lo oprimían antes de practicarlo, es lo que tiene el orgasmo, MAGIA. (También podemos llamarla oxitocina que es la hormona responsable de que aumente la intensidad del orgasmo).

Según los investigadores de la Universidad de Princeton, tener sexo varios días a la semana consigue reducir la liberación de la llamada “hormona del estrés” u hormona cortisol. El sexo también aumenta la formación de nuevas neuronas (neurogénesis) y el número de conexiones entre células nerviosas, todo esto según los señores de Princeton. Vamos que es un chollo que reduce dramáticamente los niveles de ansiedad.

Emborráchate. Si supieras la cantidad de gente que me dijo que cuando se bloquea “bebe para olvidar” te sorprenderías. Pero es lo que me dicen y es lo que escribo. No lo recomiendo porque, según he podido comprobar, esto hace que tardes varios días en recobrar la idea en la que estás escribiendo.

Si ves que nada de esto te sirve, haz como mi amiga Laura, PONTE A JUGAR AL PARCHÍS.

 

Método “Consumidor de historias”

Este método está elaborado con la ayuda de Carlos S. Baos, de él es el trabajo de bautizar el método.

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Muchos de los que se animaron a darme su forma de luchar, coincidían con que lo que les servía a ellos era leer, ver películas y series o videoclips de Britney Spears. En definitiva, consumir otras historias para que, disfrutando de estas, surjan las claves para abrir la cerradura del bloqueo. Mantener la cabeza ocupada. Todos hemos tenido ese momento de estudio en el que no paran de brotar ideas, precisamente ese es el efecto que se busca con el método.

Hay quien lee a sus autores preferidos e intenta hacer una versión distinta de lo que ellos ofrecen. Una manera interesante de desengrasar la maquinaria.

Método Dumbo

El mensaje más escueto fue uno que rezaba así: “Ponte esto y tu mente se moverá sola” adjuntándome el siguiente vídeo.

Nada más que decir de este método, aquí cada uno lo hace como puede.

Método “A palo seco”

Muchos me comentaron que lo que a ellos le viene bien es escribir sobre el propio bloqueo. O también, (según me comentaba Paco Ramos) escribir a modo de diario lo que les ha pasado a lo largo del día, para después, pasarlo a tercera persona.

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Sí, es Ibis, de American Gods. Imagen recomendada por Carlos S. Baos. Cuando el bloqueo es algo bestia, le pido consejo a Carlos. Cuando un escritor es bueno hay que intentar empaparse de lo que ofrece, aunque no lo sepa o no se lo crea.

La idea del método es escribir, escribir de lo que sea a pesar de que no tenga mucho sentido. Escribir para coger carrerilla, para que en el proceso de escritura se rompa el bloqueo. Escribir “a palo seco” sin que tengas idea de lo que estás escribiendo.

Incluso abrir un libro por una página al azar, seleccionar una frase cualquiera y seguir escribiendo a partir de dicha frase. Esta actividad te permite dar vueltas a una idea que no se te habría ocurrido sin la ayuda del libro.

Método “a tomar por culo”

“Vivo mis bloqueos como una agresión. Alguien que me quita la voz, que me impone su orden. ¿Alguien? El ruido, las sonrisas fingidas, lo que no me importa… Huyo, me voy, desaparezco. Desertar -no siempre es posible, casi nunca es posible desertar del todo- es una forma sutil de violencia. Desertando total o parcialmente, a veces, regresa mi propia voz.  Dicho menos finamente Francisco…. es la técnica conocida como ” a tomar por culo”. El efecto terapéutico y liberador de mandar a la mierda a algo o a alguien produce milagros. Soy militante de eso”.

– Paco González Fuentes-.

Poco hay que añadir al maravilloso método de Paco. Si lo que te preocupa es que lo externo te satura, no dudes en hacer lo que González Fuentes y manda a todo y todos a vendimiar a Francia.


Mi método es un poco más peligroso.

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Va rozando la fina línea de la procrastinación, pero si sabes donde están los limites  no caerás en ella. Twitter es una forma fácil de conocer las ideas de otros, comentarlas y debatirlas. Cuando la batalla la va ganando la hoja en blanco suelo minimizarla (soy de escribir en ordenador) y entrar en twitter para conocer que es lo que hacen escritores, blogger y amigos que sigo. Cuando consigo entrar en conversación sobre cualquier tema de los que ellos están trabajando, me es fácil conectar con la idea que se me fue (momentaneamente) de la cabeza.


Cuéntame tu método, si es distinto a los que he elaborado, prometo añadirlo.


Realmente lo que tienes que intentar a toda costa es seguir el consejo de Laura. En este maravilloso consejo se resume gran parte de la filosofía de los métodos anteriores:

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Muchos escritores hablan de pautas y actividades que te sacarán del bloqueo.

Si después de probar los métodos que he descrito (con la magistral ayuda de la comunidad de Facebook) ninguno te ha servido, siempre puedes recurrir a actividades o pautas de escritores consagrados.

Cuidado con usar todos los métodos a la vez que igual terminas con un bloqueo, pero corporal.

Te dejo una selección de los que me han parecido más interesantes.

Pautas:

Actividades:

Nos leemos el jueves 6 para estrenar julio.