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Otro acento

Las siete y media de la mañana, las ruedas tenían que sortear los surcos que los charcos arañaron la noche anterior y el frío aún no se disipaba. El amanecer todavía estaba bostezando y se peinaba en el reflejo de cuatro edificios inmensos que se me antojaban interminables, torres franqueadas por nubes blancas y el entusiasmo propio del comienzo.
Fueron suficientes 20 minutos para sentirme parte de aquello, el tiempo necesario para soltar el equipaje y perderme entre las sombras del primer día.
La soledad absoluta, física y mental, acompañaban mis pasos al estrenar las calles y los ojos. Otro acento, otras caras, otra forma de observarlo todo, un hambre absoluto  que con ansia devoraba cada rincón, cada gesto, cada saludo.
El completo desconocimiento llevaron mis ganas hasta un pequeño parque donde los niños rodeaban la niñez cómplice tostándose al sol. Andar, solo quería andar, conocerlo todo, a todos, cada pequeña anécdota que ocultaban las miradas que cruzaban mi camino.

Madrid me acogió vacío, sin nada que pudiera ofrecerle y poco a poco me fue llenando, hasta tal punto que el vacío interior exportó su mirada a una tarde soleada en la Plaza Mayor.

Francisco Raposo. Chamartín, Madrid.

 

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Pero de eso no se puede vivir

La obsesión por llegar a la meta marcada nos produce un estrés enorme que hace, a su vez, que creemos un patrón de realidad inexistente. Este patrón lo pasamos a la siguiente generación, con la idea de “que ellos no repitan nuestros errores”. Pero bajo esta apariencia de amor y protección se subyuga la idea de que estas personas pueden llegar a hacer algo que nosotros no contamos seguimos.

Un padre, creyendo hacer un favor (no creo que nadie sea tan sádico como para putear a su hijo por diversión) niega al crío que su sueño sea una meta factible. Todos hemos oido eso de “pero de eso no se puede vivir” y es cierto que los caminos fáciles nos llevan hacia la meta más cercana y libre de obstáculos. Pero ¿donde queda el disfrute del camino?

Imaginemos que una profesora, te pide que confecciones un currículum. Con poca experiencia y mucha imaginación, viertes en la hoja presidida por tu foto todos y cada uno de tus sueños. Algún que otro compañero, esos que todos hemos tenido, los mismos que decían ser personas adultas, maduras (niños de 15 años), te tachan de infantil por el mero hecho de tener imaginación. Pues bien, esto es una experiencia personal que me hace reflexionar sobre el posible resultado de la idea paternalista que hablamos.

Es muy desagradable que alguien al que admiras te de la primera patada en la autoestima, más que nada porque de las otras te recuperas pero de esa, no, nunca.

Hablando de este tema con una amiga, me hizo ver la bombilla al final del tunel. “No importa la meta mientras estes camino a ella”. Y es que da igual lo dificil que sea el objetivo siempre y cuando no te apartes de la senda que te a de llevar a ella.

Erotismo

Permítanme ir al grano, ahorrándoles presentaciones o rodeos absurdos.

Ayer, mientras estaba en la galería Mercedes Delicado de El Puerto de Santa María, comenté por whatsapp (en un grupo) que me encontraba en un recital de poesía erótica, segundos después de decir ésto empezaron a tacharme de “rarito”( algo de lo que ya estoy acostumbrado, y diría que hasta orgulloso). “Que rarito eres” dijeron un par casi al unísono, y no las culpo, es normal…
Aún a estas alturas del siglo XXI ( se supone que esto es igual que “estamos muy avanzados en la linea temporal y las mentes humanas deberían estar igual de avanzadas´´, me río yo de este concepto) no tenemos clara la diferencia entre ” erótico” y ” porno”. Estoy seguro de que al saber de mi localización pensaron de inmediato en un maromo mástil en mano ensartando a una jovencita de ojos vueltos… Bien, luego del revuelo tuve que explicarles, enseñándoles poemas eróticos, de lo que se trataba eso, “tan rarito´´, de la poesía erótica. Es curioso como he visto fotos ofensivas o explicitas y nunca llamé a nadie rarito, ni nada parecido.
En fin, que yo soy y seguiré siendo el rarito, y a mucha honra de tener ese honor en pleno siglo XXI.

Y para aquel que nunca leyó poesía erótica les dejo algunas:

RAFAEL ALBERTI
Por allí hondo, una humedad ardiente;
blando, un calor oscuro el que allí hervía;
sofocado anhelar el que se hundía,
doblándose y muriendo largamente.
Labios en labios que no ataca diente
lengua en garganta que se corta, umbría;
áspero alrededor, fiera porfía
por morder lo imposible de la fuente.
Fiera porfía, ya que ni a la hembra
más hembra ni al varón más varón dieron
otra cumbre que ser sembrado y siembra,
pues lo demás, ¡Oh cuerpos desvelados!
son fulgores que al alba se perdieron
en un súbito arder, desesperados.
………
JUAN RAMÓN JIMENEZ
Cuando huía, en un vuelo de tocas trastornada,
de la impetuosa voluntad de mi deseo,
se refugiaba en un rincón, como una gata…
pero sus uñas eran más dulces que mis besos…
se le venía el velo hasta los ojos mágicos;
surgían leves rizos del cortado cabello,
rizos que descubrían un jardín imprevisto,
¡aquellos rizos de oro en los ojos inmensos!
Y en la proximidad ardiente del placer de su carne
Me incendiaba el olor de todos sus secretos,
aquel olor más fuerte para mí…y para ella…
¡que el olor de los lirios y el olor del incienso!
……
CATULO
Gorrioncito, joya de mi pequeña,
con quien juega, al que resguarda en el seno,
al que suele dar la yema del dedo
y le incita desgarrados mordiscos:
cuando a mi deseo resplandeciente
le place tornarse alegre y aliviarse
de sus cuitas, para aplacar su ardor,
¡cuánto me gustaría, como hace ella,
jugar contigo y desterrar las penas
lejos de mi triste ánimo!
Me es tan grato como a la niña el fruto
doradito que soltó el ceñidor
que tanto tiempo permaneció atado.
……

Cierren la puerta al salir, que luego hace corriente.